{"product_id":"roberto-mondani-incontro-notturno","title":"Roberto Mondani - Encuentro Nocturno","description":"\u003cp style=\"text-align: justify;\"\u003e El hombre de mi tiempo\u003c\/p\u003e\n\n \u003cp style=\"text-align: justify;\"\u003eEs en los tonos más oscuros del gris antracita donde cobra forma el sueño pétreo de Roberto Mondani. Mito, antigüedad y piedra se despliegan en la dimensión onírica de un pasado glorioso: en los encantadores meandros de oscuras gargantas rocosas, el ancestral Pithecanthropus da forma a su primera obra. Es en esos lugares donde la materia se doblega ante el poder del intelecto, en el suspiro heroico de una civilización eterna. Una piedra cálida y presente; la fértil Piedra Madre de la que brota la forma. En una especie de tótem místico, se rastrea la herencia genética de la humanidad, desde la antigua cueva de barro, madera y lluvia, hasta la moderna prisión de cristal y hormigón. ¿Quién fue el más libre? ¿Qué permanece más tangible que la escultura que, primitiva, evoca un tiempo siempre igual? Circularidad, eternidad. El tiempo, similar a una espiral, se persigue a sí mismo en un movimiento perpetuo que aniquila las distancias. Lo que parece diametralmente opuesto es, en realidad, paralelo, y su principio es su fin, como un reloj de arena que no necesita vueltas. Define a un hombre. «Sigues siendo el hombre de la piedra y la honda, el hombre de mi tiempo»... pero Roberto Mondani intenta ir más allá, negándose a encasillarse en la rigidez de su propio artefacto, a limitarse a la concepción compartida de la monumentalidad. La fluidifica, la interpreta, la distorsiona. Le otorga la consistencia viva y plástica de un organismo en perpetua evolución, elevándola a aguas tumultuosas con un brillo vibrante, cuyo claro valor ontológico es indudable. El salvaje rousseauniano resurge de su limbo olvidado, una exitosa parábola de la vida de hoy y de ayer. Negar la naturaleza: ¿con qué fin? El incesante tejido de las Moiras toca cruelmente el destino de la humanidad, condenándola a su ineludible finitud; Pero más allá de la existencia, el ingenio, que avanza a un ritmo acelerado mediante la práctica constante de las artes más elevadas, está en juego. Un fuerte componente diatópico se refleja en la elección de materiales, propios de la tradición, rústicos y mediterráneos, que transmiten un profundo sentido de pertenencia y conexión con la tierra natal. Una elección que parece capturar, con mayor claridad que una instantánea, la agreste aspereza de las costas, el inmenso encanto de los mares, las escarpadas costas que se recortan contra el azul. Así, al contemplar sus obras, uno tiene la impresión de presenciar un pequeño atisbo de vida, una delicada miniatura de la vida cotidiana, en la que las sinuosas curvas, suavizadas por el viento, cobran vida, como elementos naturales, bajo el irresistible impulso de un aliento eterno. Sin embargo, el tenaz eco que evocan no se agota en una sola forma. En cambio, se eleva hacia el cielo, capturando panoramas lunares y evocando escenarios aún no explorados por completo. En otras obras, cuya originalidad se expresa mediante una sucesión de líneas blancas redondeadas, se redescubre una semántica femenina pura, despojada de adornos innecesarios y expresada mediante la más absoluta simplificación. En una época de excedentes, excesos y ostentación, el retorno a lo esencial parece ser el reto más arduo y devuelve al arte su función original. Rasgos faciales apenas insinuados trazan delicadamente lo humano y, al situarlo en una dimensión suspendida e impenetrable, parecen definirlo al resaltar su núcleo central, su esencia más auténtica. Es precisamente en esta refinada reducción de elementos, en este laborioso y clasicista trabajo de labor limae, donde emergen las emociones, los sentimientos y la íntima implicación de mirar, sentir y tocar. La realidad representada por Mondani está estrechamente ligada a la materialidad y, como tal, encaja en un contexto multisensorial capaz de comunicarse con todos, trascendiendo las limitaciones del lenguaje verbal, ahora estereotipado. Incluso los símbolos, entonces, se transforman en un alfabeto no codificado que solo permite una interpretación primaria mediante una sincera apelación a un instinto inocente. Las estatuas del artista proclaman con fuerza su naturaleza ambigua, posicionándose como un punto de conexión entre lo profano y lo divino. Una dimensión mágica las impregna, anunciando la llegada de una deidad amada y temida. Se desconoce si se trata de un ritual vudú, con un toque animista prehistórico, o de una religiosidad más conocida y controlada. Lo fundamental, sin embargo, es el concepto al que se refiere, en su variada e inexplicable complejidad, una fuerza explosiva siempre a punto de manifestarse, pero nunca completamente agotada. Es en este contexto, entonces, que Roberto Mondani ha elegido operar; este es el camino que ha elegido tomar, para unir en una sola entidad: artista y hombre, creador y crítico, observador y observador, para que el camino a seguir sea el del pensamiento y la reflexión. Para que la simplificación sea el esfuerzo posible y necesario para captar, con delicadeza, la verdad subyacente a lo que nos rodea. \u003c\/p\u003e\n\n\u003cp style=\"text-align: justify;\"\u003eAntonella Andriuolo\u003c\/p\u003e","brand":"Mondani Roberto","offers":[{"title":"Default Title","offer_id":56210526175618,"sku":"RMON006","price":1100.0,"currency_code":"EUR","in_stock":true}],"thumbnail_url":"\/\/cdn.shopify.com\/s\/files\/1\/0909\/7065\/3058\/files\/titolo-INCONTRO-NOTTURNO-II-olio-su-tela-cm100x80.jpg?v=1768390822","url":"https:\/\/cjfh11-ee.myshopify.com\/es\/products\/roberto-mondani-incontro-notturno","provider":"Venderequadri","version":"1.0","type":"link"}