{"product_id":"wolfgang-alexander-kossuth-il-cristo-2","title":"Wolfgang Alexander Kossuth - El Cristo","description":"\u003cp style=\"text-align: justify;\"\u003eWolfgang Alexander Kossuth nació en Pfronten, Alemania, en 1947. Tras finalizar sus estudios, se trasladó a Nápoles en 1968, donde se graduó en violín. Ganó el concurso internacional de violín de La Scala de Milán. De 1970 a 1972, tocó en la orquesta mientras estudiaba simultáneamente composición y dirección. En 1975, debutó como director con la Orquesta de La Scala. En 1979, abandonó su incipiente carrera musical para dedicarse a la escultura. Desde entonces, ilustres figuras del mundo de la música, la literatura y la danza se han convertido en protagonistas de sus obras, entre ellas Alberto Erede, Leonard Bernstein, Mario Del Monaco, Giuseppe DiStefano, Luciana Savignano, Milva, Valeria Moriconi, Mario Soldati, Sergiu Celibidache, Sandor Vegh, Sierk Schroder, Ottavio Mazzonis, Andrea Jonasson-Strehler, Liliana Cosi, Alessandra Ferri, Massimo Murru y Roberto Bolle. En 1981 se inauguró el retrato de Mario del Mónaco en el Museo della Scala y en 1986 se inauguró la estatua de Domenico Scarlatti en el Auditorio RAI de Nápoles. En 1992, la escultura Simona pasó a formar parte de la colección del Museo Paaw en Wassenaar, Países Bajos. En 1993, el retrato del poeta Vittorio Sereni fue colocado en el Museo Cívico de Luino. La gran escultura dedicada a Niccolo' Paganini se colocó en el Teatro Carlo Felice de Génova. En 1995, la escultura Salomé y en 1997 la escultura Innamorata pasaron a formar parte de la colección del Museo Bandera de Busto Arsizio. En 1999, la obra Maternità se convirtió en el símbolo de UNICEF de la República de San Marino. En 2003, recibió una placa del centro de estudios coreográficos Teatro Carcano en reconocimiento a su labor artística, especialmente dedicada al arte de la danza. En enero de 2004, recibió la placa del Presidente de la República con motivo de la exposición \"Vuelo: De Ícaro a nuestros días\". Alexander Kossuth, quien, como describe su biografía, abandonó el lenguaje musical para centrar su creatividad en la escultura, es un claro ejemplo de contemporaneidad que escapa a las modas de la época. Nada de clásico, salvo algunas referencias a símbolos y personajes de la mitología, vincula la obra de Kossuth con la escultura helenística o clásica romana. La figura nunca se retrata ni se mantiene inmóvil en la obra de Kossuth, que busca la tensión muscular y emocional en cada pieza. Algunas figuras, como Daniela y Summer Faun, parecen a punto de romperse, bandas elásticas de carne y hueso que desafían la anatomía del cuerpo humano para exaltar la delicadeza de un movimiento de danza, la intensidad de un abrazo, la precariedad del equilibrio. La riqueza del detalle, la representación refinada de un músculo en acción, el suave brillo de las superficies, nunca buscan el realismo fotográfico, nunca desafían los límites de la habilidad escultórica. La escultura no pretende ser un ejercicio de estilo para Kossuth, quien, tras demostrar una destreza innata, parte de este hecho, como un alfabeto narrativo. No se trata de complacencia en la escultura, sino de una exploración surrealista de los límites del cuerpo humano, de una belleza sobrenatural que trasciende el detalle descriptivo, incluso al representar figuras familiares para las masas. Un retrato de Roberto Bolle o Alessandra Ferri no es simplemente un homenaje a figuras prestigiosas del panorama artístico internacional. Es un pretexto para la investigación del cuerpo humano y la armonía de sus movimientos. Este análisis se convierte en pura introspección cuando Kossuth se acerca a un rostro. Los bronces de Mario Soldati revelan mucho más sobre él que una fotografía, y la decisión de conservar las superficies de arcilla de las que se fundieron las ceras de bronce revela una representación refinada del vínculo inquebrantable de Soldati con la tierra. El refinamiento y la elegancia, la ligereza y el equilibrio, han encontrado su expresión ideal en el uso del bronce y las resinas. El bronce, fundido mediante el proceso de cera perdida, siempre ha sido uno de los materiales más fascinantes para la escultura. Su plasticidad, la calidez que el metal confiere a las composiciones, la capacidad de alisar y patinar su superficie con diferentes tonos, lo hacen único. La complejidad del movimiento, las dimensiones y la constante búsqueda del detalle ponen a prueba la destreza de quienes funden estas obras. Las pátinas oscuras permiten que la luz, por sí sola, delinee la tensión muscular, el relieve de un rostro, la conexión de múltiples figuras. El bronce nunca adquiere una dimensión \"escultural\", entendida como un material apto para la conmemoración, la celebración o la estática. En cambio, parece representar con precisión la suavidad y elasticidad de la piel, la carne y los músculos, inspirando continuamente la investigación del escultor. Para Kossuth, el bronce se convierte en un medio para materializar la idea inicial, nunca en un límite a su expresión. Así, incluso obras majestuosas como el retrato de Bolle, de casi dos metros y medio de altura, conservan la elegancia y la ligereza que ofrece el metal. Falleció el 31 de diciembre de 2009.\u003c\/p\u003e","brand":"Cannata Francesco Giuseppe","offers":[{"title":"Default Title","offer_id":56210684445058,"sku":"FCAN001","price":15000.0,"currency_code":"EUR","in_stock":true}],"url":"https:\/\/cjfh11-ee.myshopify.com\/es\/products\/wolfgang-alexander-kossuth-il-cristo-2","provider":"Venderequadri","version":"1.0","type":"link"}