Davide Tedeschini - Lechuga
Davide Tedeschini - Lechuga
SKU:DTED003
Acrílico, 120x110, año 2018
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Características
Características
Certificato: Sí
Formato: Grande (más de 100 cm)
Orientamento: Horizontal
Supporto: Mesa
Soggetto: Flores
Stile: Figurativo
Descripción de la obra
Descripción de la obra
El gesto estético y el signo primordial Un encuentro con las nuevas obras de Davide Tedeschini.
El arte es una experiencia visual. Una mayéutica de pensamientos y emociones, generadora de gestos. Al acercarnos a una obra, se abre gradualmente un abanico de sentidos, que se activan inconscientemente y reavivan la raíz humana de nuestro encuentro con la belleza. Hay un momento, el encuentro entre la obra y nuestra mirada, en el que la expectativa se funde con la realidad, para luego fusionarse y generar infinitas interacciones nuevas. La primera interacción posible es entre las formas arquetípicas presentes en nuestra mente y lo que el artista ha plasmado en el lienzo. Una memoria histórica inscrita en la herencia inconsciente del hombre y en el gesto del artista, un acto humano cualificado por la voluntad de producir un signo. En este marco, la antología de nuevas obras propuesta por Davide Tedeschini entra en un diálogo semántico entre pasado y presente, entre memoria y actualidad, entre inconsciente y consciente. Experimentar su obra significa correr el riesgo de un proceso siempre activo de confrontación entre formas dialécticas distantes y distintas pero siempre comunicantes. El gesto atávico, fenoménico y el noúmeno incorporado a nuestra comprensión del mundo. Un gesto estético enraizado en el signo primordial. A veces expresado, a veces velado, mediado, pero siempre instintivo. A la vez meditado e inmediato. Meditado porque la mente, con su velocidad, imagina contemplarlo, pero inmediato porque la mano da rienda suelta a su creatividad, encontrando la porosidad del lienzo y la viscosidad de la pintura. Así, en la pintura de Davide Tedeschini, el diálogo entre el hombre y la naturaleza se captura de una manera matizada, como en Quercia (Quercy) , donde el árbol se interpone con el tronco de una carcasa, de la que solo quedan las costillas. O como en el Trigal, donde robustos tallos de cereal se yuxtaponen con lanzas primigenias plantadas en la tierra. Incluso donde el tema pueda parecer presente, el gesto es antiguo, primigenio. Un viaje contemporáneo a los inicios de la humanidad, cuando el arte daba sus primeros pasos. Mostrando cómo el proceso artístico en constante evolución no olvida estos orígenes. El motivo permanece inalterado: dejar huella, contar una historia, ensuciarse las manos e inspirar a quienes se encuentran con esas huellas. Al observar más de cerca, Davide Tedeschini, un artista ecléctico capaz de sorprender, sigue la trayectoria del arte a través del tiempo, con un viaje que va del cuerpo a la naturaleza, del hombre a otras formas de vida, sin olvidar jamás el alfabeto de emociones que cada uno de nosotros lleva grabado en su interior desde nuestros primeros pasos en este mundo.
La pintura es una posible respuesta a dos preguntas existenciales que siempre han atormentado a la humanidad: ¿quiénes somos? ¿Hacia dónde vamos?
Somos los autores de esas señales, nos acompañan los mismos miedos, las mismas esperanzas. Avanzamos hacia un futuro que solo podemos predecir.
No tenemos certezas establecidas. Solo convicciones. En una sociedad altamente compleja, donde el lenguaje ha ampliado los horizontes y la comunicación se ha vuelto más difícil, la simplicidad de los signos artísticos de Davide Tedeschini resulta tranquilizadora: rasgos universales, signos comprensibles en la Babel de la hipercomunicación. Interrumpen el flujo, permitiéndonos avanzar más rápido. Y, mientras tanto, provocan una reflexión rápida e inesperada: ¿sabemos aún mirar? La respuesta es la pregunta que permanece abierta a la elección del espectador. El arte tiene una función tanto estética como social.
Belleza y comunidad. Sabor y encuentro. Compartir, dialogar, reconocer. Activa procesos continuos. El viaje es largo y está marcado por diversos pasos, por decisiones constantes, por oportunidades siempre presentes: requiere ojos, mente y corazón. En definitiva, cada vez que termina el día, simplemente deseamos regresar a nuestro refugio reconfortante y, como en Strada per casa, cada detalle, cada señal nos lleva de vuelta a nuestro refugio original: ayer una cueva, hoy un hogar donde las obras de arte nos recuerdan este viaje.
por Davide Miceli
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